Muchas cámaras, mucha seguridad

El gobierno se esfuerza en negarlo: «Será un evento deportivo con una gran operación de seguridad vinculada, y no una operación de seguridad con un gran evento deportivo al lado». Londres sueña con mantener durante los Juegos 2012 la principal característica de su estrategia de seguridad: la invisibilidad. Y no podía ser de otra manera en una candidatura que fue proclamada ciudad anfitriona la víspera misma de los atentados yihadista que dejaron 52 víctimas mortales en metros y autobuses de la capital británica. Por eso, los organizadores no dudaron en duplicar la estimación de necesidades en diciembre pasado.

El presupuesto

El presupuesto de seguridad en las 34 sedes olímpicas pasó de 330 millones de euros a 640. Y el «ejército» de agentes necesarios de 10.000 a 23.700. La decisión puso en apuros a G4S, una de las mayores compañías de seguridad privada del mundo, concesionaria de un contrato de 360 millones para aportar el componente privado de la operación. Este miércoles, a solo dos semanas de la inauguración, la empresa reconocía que no llegaba a tiempo para reclutar 13.700 agentes privados, lo que ha obligado al gobierno a movilizar a 3.500 soldados más. Junto a los 12.000 agentes de policía que se calcula que habrá en las calles cada día, al final serán 17.000 los militares que participarán en el plan de seguridad de los Juegos, casi el doble que el contingente británico en Afganistán. Unos 11.000 se encargarán de tareas que han irritado a las Fuerzas Armadas, como el control de accesos y la revisión de bolsos en las entradas. En Sydney 2000 se movilizaron a 4.000 militares (incluidas todas sus fuerzas especiales) y 30.000 agentes privados mientras que, en Pekín, se estima que emplearon a 100.000 soldados y policías, apoyados en más de 300.000 cámaras de seguridad.

Las cinco amenazas

La dirección de terrorismo del ministerio de Interior británico ha sido la encargada de elaborar el análisis de riesgo. El documento identifica cinco amenazas: el terrorismo; el crimen organizado y las conexiones criminales y económicas de las mafias internacionales en el Reino Unido; los grupos extremistas locales; los posibles desórdenes públicos y protestas callejeras de manifestantes anticapitalistas o de grupos radicales islámicos o xenófobos; y, finalmente, grandes accidentes y desastres naturales.

Pero la sutileza de la concepción de la seguridad en Reino Unido es aún mayor, y comienza en la gestión de masas. El flujo de viajeros en las estaciones de tren y metro más afectadas estará obsesivamente dirigido por vallas y empleados. En muchas estaciones, se entrará solo por un acceso y se saldrá por otro. La propia arquitectura en el centro comercial de Westfield que sirve de antesala del Estadio Olímpico está concebida al servicio de la gestión de masas y la seguridad. El siguiente eslabón «invisible» de la «fortaleza Londres» son las cámaras de seguridad de circuito cerrado (CCTV en inglés). Se desconoce su número. Pero más de 3.000 personas fueron identificadas así, y procesadas por los disturbios del verano pasado.

Escáneres, tecnologías nuevas de reconocimiento facial y de matrículas y sistemas de detección de enfermedades amplían la telaraña. El centro neurálgico del «gran hermano» londinense está en la salade control del distrito de Westminster, en un edificio no identificado en Picadilly Circus.

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